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Reprogramación y biodecodificación: Cuando alguien vuelve a casa

Reprogramación y biodecodificación: Cuando alguien vuelve a casa

Todos volvemos a casa sin excepción

Como psicoterapeuta especializada en enfoques integrativos como digo habitualmente al empezar un post, es porque combino la psicología tradicional con herramientas holísticas como la reprogramación mental y la biodecodificación, encuentro un profundo valor en abordar temas tan universales y sensibles como la muerte de un ser querido. Ese alguien que vuelve a casa, donde pertenecemos todos sin excepción.

La reprogramación mental, nos permite reestructurar patrones subconscientes de pensamiento y emoción, utilizando técnicas como afirmaciones, visualizaciones y mindfulness, para transformar el dolor humano, en crecimiento. Por su parte, la biodecodificación, inspirada en Christian Flèche y la Nueva Medicina Germánica, como digo siempre, interpreta la muerte y el duelo no como eventos aleatorios, sino como procesos biológicos y emocionales que decodifican conflictos profundos, ayudándonos a entender el mensaje del cuerpo y el alma.

Hacer el duelo es un proceso

En este post, exploraremos lo que siente la persona que se queda, por qué repasa la vida del fallecido, cómo hacer el duelo, qué le ocurre al que permanece en este plano para aprender, qué experimenta el humano al desprenderse del cuerpo, cómo asimila su muerte y qué le espera del otro lado del velo. Lo haremos con empatía y profundidad, reconociendo que la muerte, aunque dolorosa, es un portal a la transformación.

Comencemos por contextualizar. La muerte de un ser querido activa un torbellino emocional que, según la biodecodificación, decodifica un «conflicto de separación» –un shock biológico donde el cuerpo responde a la pérdida como una amenaza a la supervivencia emocional. Esto, se manifiesta en síntomas como fatiga, insomnio o problemas digestivos, simbolizando la «indigestión» de la ausencia. La reprogramación, nos empodera para cambiar narrativas como «Nunca lo superaré» a «Honro su memoria creciendo». Psicológicamente, el duelo no es lineal, como describió Elisabeth Kübler-Ross en sus cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Espiritualmente, muchas tradiciones ven la muerte como una transición, no un fin, alineado con experiencias cercanas a la muerte (ECM) que reportan paz y luz.

Qué siente la persona que se queda

La persona que permanece en este plano, siente un abanico de emociones intensas, desde shock inicial hasta un vacío existencial. Inicialmente, puede haber negación –un mecanismo de defensa donde el cerebro, para protegerse, rechaza la realidad, causando entumecimiento emocional. Luego surge la ira: «¿Por qué me dejó?», dirigida al fallecido, a Dios o al mundo, decodificando en biodecodificación un conflicto de «injusticia vital». El dolor físico, como opresión en el pecho, simboliza «corazón roto» –un bloqueo emocional que la reprogramación puede aliviar con respiraciones guiadas. La tristeza profunda sigue, con llanto que libera endorfinas naturales, pero si se reprime, somatiza en depresión. Espiritualmente, hay un anhelo de conexión, sintiendo presencias o sueños vívidos, interpretados como mensajes del alma. En resumen, se siente pérdida de identidad, como si parte del yo se fuera, pero esto invita a sanación.

Por qué de pronto hace un repaso de la vida de la persona que fallece

El repaso de la vida del fallecido, es un proceso natural llamado «revisión vital», donde la mente reconstruye memorias para integrar la pérdida. Psicológicamente, esto ayuda a procesar el duelo, activando el hipocampo para consolidar recuerdos y encontrar significado. En biodecodificación, decodifica un «conflicto de cierre»: el cerebro busca resolver lo no dicho, como arrepentimientos o gratitudes, para liberar energía estancada. Espiritualmente, es como si el alma del sobreviviente honrara el legado, alineado con ECM donde los moribundos repasan su vida. Reprogramar esto implica journaling: escribir la «biografía emocional» para transformar culpa en paz.

Cómo debe hacer el duelo

El duelo, se hace con paciencia y rituales personalizados. Evite reprimir; exprese emociones mediante llanto o arte. Etapas: negación (acepte la realidad gradualmente), ira (canalice con ejercicio), negociación (libere «si hubiera»), depresión (busque apoyo), aceptación (integre la pérdida). Biodecodificación sugiere decodificar síntomas: insomnio como «no soltar». Reprogramación: afirmaciones diarias como «Honro mi dolor y avanzo». Incluya comunidad, terapia y autocuidado –nutrición, sueño. Espiritualmente, rituales como velas honran el tránsito.

Qué sucede con la persona que se queda en este plano porque aún precisa aprender muchas cosas

Quien se queda debe aprender lecciones vitales: resiliencia, empatía y propósito. Biodecodificación: ve la supervivencia como oportunidad para resolver conflictos del clan familiar, liberando patrones transgeneracionales. Reprogramación: transforma el dolor en crecimiento: «Esta pérdida me enseña a valorar la vida». Espiritualmente, es karma o evolución del alma, aprendiendo amor incondicional. El duelo acelera madurez emocional, mejorando relaciones.

Qué siente el humano al desprenderse del cuerpo, cómo asimila su muerte

Al desprenderse, se siente paz y ligereza, según ECM: separación del cuerpo, túnel de luz, revisión vital. Asimilación: inicial shock, luego aceptación al ver el «panorama mayor». Biodecodificación: liberación de conflictos biológicos. Reprogramación no aplica directamente, pero prepara al vivo.

El momento en que el ser humano se desprende del cuerpo físico es una experiencia única y profundamente transformadora. No se vive de manera homogénea, ya que depende de la preparación espiritual, el estado emocional, las creencias y la conexión que cada persona haya cultivado en vida. Pero, quiero aclarar sobre este tema que a muchos le preocupan y hasta se cuestionan porque dicen que nadie ha venido de la muerte a contarlo. Lo cual es mentira, hay miles de casos científicamente comprobado. Inclusive el Dr Manuel Sans Segarra lo afirma con pacientes que han tenido experiencia cercana a la muerte y han vuelto a sus cuerpos físicos para contarlo.

1. El instante del desprendimiento

Al inicio, el alma puede sentir una sensación de ligereza, como si una carga enorme se soltara de golpe. El cuerpo físico ya no responde, pero la conciencia sigue despierta. Muchas veces se describe como un flotar fuera del cuerpo, acompañado de paz o de sorpresa.

  • Algunos experimentan un vacío o desconcierto: “¿esto es real?”.
  • Otros sienten un alivio inmediato al liberarse de dolores, enfermedades o limitaciones físicas.

2. La percepción expandida

Al separarse, la conciencia deja de estar atada a los cinco sentidos. La visión, el oído y la percepción se vuelven amplios, no localizados en un órgano, sino como una presencia total.

  • Se observa el entorno sin necesidad de ojos.
  • Se perciben emociones y pensamientos de los que están alrededor.
  • A menudo aparece la sensación de «ser energía» más que «tener un cuerpo».

3. El impacto emocional inicial

Aquí entran en juego las creencias y el trabajo interior:

  • Quienes tenían miedo a la muerte pueden sentir resistencia, confusión o aferramiento.
  • Quienes la aceptaban como parte del ciclo natural suelen experimentar calma, gratitud y hasta alegría.
  • En muchos relatos se describe la llegada de seres de luz, familiares fallecidos o guías, lo que transmite seguridad y acompañamiento.

4. La asimilación de la partida

El alma empieza a comprender que el cuerpo ya no es su casa. Aquí aparece un proceso de aceptación gradual:

  1. Se observa el cuerpo como si fuese un “traje usado” que ya no tiene utilidad.
  2. Surgen emociones relacionadas con los vínculos: tristeza por los seres queridos, deseo de transmitir mensajes, necesidad de cerrar ciclos.
  3. Poco a poco, el alma se orienta hacia la dimensión de la luz y del reencuentro, entendiendo que la muerte no es un final, sino una transición.

5. La visión del alma observadora

Una vez desprendida, el alma asimila la muerte como un despertar. Comprende que todo lo vivido en la Tierra fue aprendizaje y que cada experiencia —incluso las más dolorosas— tuvo un propósito evolutivo.

  • Se siente liberada del tiempo y el espacio.
  • Puede revisar escenas de su vida con una claridad sorprendente.
  • Lo que antes parecía “injusto” o “incomprensible” se observa con sabiduría y compasión.

6. La verdadera transformación

La muerte, para el alma, no es un final. Es un regreso al origen, a la fuente de donde vino. El humano que se desprende del cuerpo, deja atrás las limitaciones y se reencuentra con su esencia: la energía eterna que observa, aprende y evoluciona.

En conclusión: el humano siente ligereza, sorpresa, paz o miedo según su estado interior, pero el alma siempre acaba reconociendo la muerte como un proceso de liberación y continuidad, no de final.

Qué le espera del otro lado del velo a ese humano

Cuando el alma cruza el umbral y deja atrás el cuerpo físico, se abre un plano de conciencia distinto, libre de las limitaciones terrenales. Lo que le espera, depende en gran parte de su estado interior, de su apertura espiritual y de las experiencias que vino a integrar.

1. La bienvenida

Muchos relatos coinciden en que hay un momento de acompañamiento amoroso: seres queridos fallecidos, guías espirituales o energías luminosas reciben al alma.

  • Esto ayuda a que no se sienta sola ni perdida.
  • Es un encuentro de reconocimiento: el alma recuerda que pertenece a una gran red de amor y conexión.

2. El descanso

El alma, atraviesa una etapa de reposo energético. Si la vida fue dura o el desprendimiento doloroso, necesita regenerarse.

  • Se experimenta paz, ligereza y ausencia de dolor.
  • Es como “dormir en brazos de la eternidad” antes de seguir el viaje.

3. La revisión de vida

En este plano, el alma revisa sus experiencias en la Tierra.

  • No desde la culpa, sino desde la comprensión.
  • Se sienten los efectos de nuestras acciones en los demás, lo que despierta empatía y aprendizaje.
  • Este proceso no es un juicio externo, sino un espejo interno que permite ver con claridad lo que se sembró.

4. El reencuentro

El humano, descubre que la muerte no separa, sino que transforma los vínculos.

  • Se reencuentra con almas afines, familiares o amigos que también partieron.
  • Reconoce a su “familia del alma”, con la que comparte aprendizajes a lo largo de muchas vidas.

5. La expansión de conciencia

Del otro lado del velo, las limitaciones del ego y del cuerpo desaparecen.

  • El alma percibe su verdadera naturaleza: eterna, luminosa y en conexión con todo.
  • Comprende los aprendizajes de la encarnación y siente gratitud por ellos.
  • Se abre a planos más elevados, donde reina la unidad y no existe la separación.

6. La decisión de continuar

Dependiendo del recorrido, el alma puede:

  • Permanecer en planos de luz para aprender y acompañar.
  • Prepararse para una nueva reencarnación si lo necesita.
  • O unirse a una dimensión superior, donde ya no es necesario volver a la materia.

En esencia: Al humano le espera del otro lado un espacio de amor, descanso y expansión. No es un final, sino un regreso al hogar del alma, donde se comprende la vida como parte de un viaje mayor de evolución y consciencia.

Ejercicios prácticos

Ejercicio 1: Revisión vital (15 minutos) Te vienen memorias del fallecido, nota emociones. Afirma: «Libero dolor, honro lecciones».

Ejercicio 2: Visualización de transición (10 minutos) Imagina al ser querido en paz, envía amor. Decodifica tu conflicto, reprograma con «Avanzo en luz».

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