El corazón como mensajero
Hay una frase que siempre me gusta recordar: “El corazón no solo late… también habla”. Y cuando hablo de infarto desde la psicoterapia y la biodecodificación, lo primero que aclaro es que no es casualidad.
Claro, no se trata de culpabilizar al paciente, sino de ampliar la mirada. Porque el corazón, en muchos sentidos, es el órgano que más refleja nuestra vida emocional: lo que amamos, lo que callamos, lo que nos duele y lo que nos pesa.
El infarto, puede entenderse, además de como un evento médico, como una crisis del alma que se expresa en el cuerpo. Es el grito del corazón cuando siente que ya no puede más con la carga que lleva.
1. El corazón: entre lo físico y lo simbólico
En medicina, un infarto ocurre por la obstrucción del flujo sanguíneo, que priva de oxígeno al músculo cardíaco. Es un colapso en el sistema circulatorio.
Desde la biodecodificación, este colapso también puede leerse como:
- Falta de alegría de vivir: el corazón es movimiento, impulso, energía vital. Cuando esto se apaga, aparece la crisis.
- Exceso de exigencia: personas que llevan la vida como si todo dependiera de ellas.
- Miedo a la pérdida: miedo a quedarse solos, al abandono o a no ser suficientes.
- Rabia contenida: emociones que no encuentran salida y terminan presionando al corazón.
El corazón simboliza la capacidad de amar y dejarse amar. Y un infarto, simbólicamente, puede ser el aviso de que hemos vivido demasiado desde el esfuerzo, el control o la rigidez… y muy poco desde el disfrute, la entrega y la conexión real.
2. ¿Por qué enfermamos el corazón?
A lo largo de la vida, vamos acumulando mensajes y creencias que pueden desconectarnos de nuestro centro:
- “Tienes que ser fuerte siempre.”
- “Si no trabajas duro, no vales nada.”
- “No muestres tu vulnerabilidad.”
- “El amor se gana con sacrificio.”
Cuando la mente vive bajo estos mandatos, el corazón, carga con el peso. Se vuelve el guardián de nuestras batallas internas. Y como todo guardián, llega un punto en el que se agota.
Lo interesante es que muchas personas que sufren infartos, describen antes del evento síntomas emocionales como:
- Agobio.
- Vacío.
- Impotencia.
- Sensación de no poder sostener más.
Es como si el cuerpo dijera: Si no paras tú, yo te detengo
3. La reprogramación como llave
La reprogramación, consiste en revisar y cambiar esas creencias inconscientes que han dirigido nuestra vida. En el caso del infarto, la clave está en transformar las creencias sobre el amor, el esfuerzo y la vida misma.
- En lugar de “tengo que cargar con todo”, aprender a pedir ayuda.
- En lugar de “si me detengo, fracaso”, entender que descansar es vital.
- En lugar de “mi valor depende de lo que doy”, integrar que también merezco recibir.
Al trabajar desde la reprogramación, el corazón se libera del papel de mártir y recupera su verdadera función: amar y disfrutar la vida.
4. Biodecodificación: el mensaje oculto
Desde la biodecodificación, todo síntoma busca expresar lo no dicho. En el caso del infarto, algunas preguntas que invito a explorar son:
- ¿Qué peso estoy cargando que no me corresponde?
- ¿Dónde siento que no tengo libertad?
- ¿Qué parte de mi vida dejé de disfrutar?
- ¿A quién necesito perdonar, incluso si es a mí mismo?
Muchas veces, la raíz está en emociones no resueltas del pasado: pérdidas tempranas, vínculos rotos, culpas heredadas de la familia. El corazón hereda silenciosamente esas cargas.
5. El humor como medicina
Hablando seriamente de un tema serio como el infarto, también me permito introducir un tono simpático:
El corazón, a veces se comporta como ese amigo que siempre dice:
“¡Ey! Baja el ritmo, que no somos robots.”
“No te olvides de reír, que de algo hay que vivir.”
“¿Quieres cargar con todo el mundo? ¡Pues no caben en tu pecho!”
El humor, lejos de trivializar, nos ayuda a recordar que la rigidez enferma y la ligereza sana.
Ejercicios prácticos
Ejercicio 1: Diario del corazón
Objetivo: conectar con lo que el corazón calla.
- Cada noche, escribe en un cuaderno lo siguiente:
- ¿Qué me hizo sonreír hoy?
- ¿Qué me pesó hoy?
- ¿Qué dejé de decir por miedo?
- Observa patrones durante una semana.
- Pregúntate: ¿qué necesita mi corazón de mí para sentirse más libre?
Ejercicio 2: Respiración de descarga
Objetivo: liberar tensión acumulada en el pecho.
- Siéntate con la espalda recta.
- Inhala profundamente contando hasta 4.
- Retén el aire 2 segundos imaginando que tu corazón se llena de luz.
- Exhala con fuerza en 6 tiempos, soltando todo lo que te pesa.
- Hazlo durante 5 minutos, visualizando cómo tu pecho se aligera.
Este ejercicio, además de relajar, ayuda a entrenar la mente para soltar control.
Taller online: Escuchar el corazón antes del grito
Duración: 4 semanas (una sesión semanal de 2 horas, online).
Dirigido a: personas con antecedentes familiares de infartos, personas que sienten agobio, exceso de responsabilidades o falta de disfrute. Que siempre viven negativamente, además de preocuparse todo el tiempo en los demás en vez de centrarse en ellas/os mismas/os. Deben dar un giro total en su mente y si empezar a sanar mental y fisícamente.
Plataforma: Google Meet
Contenidos:
- Semana 1: El corazón como mapa emocional.
- Semana 2: Mandatos familiares y creencias que enferman.
- Semana 3: Ejercicios de liberación emocional y reprogramación.
- Semana 4: Diseño de un estilo de vida coherente con el corazón.
Incluye: meditaciones guiadas, ejercicios escritos y acompañamiento terapéutico.
Precio especial lanzamiento: 160 €
Inscripción: conexionmentalycorporativo@gmail.com
Conclusión
El infarto no es solo un evento médico, es también un mensaje del alma a través del corazón. Reprogramar las creencias, liberar emociones y escuchar lo que callamos nos permite prevenir, sanar y transformar la relación con la vida. De nada sirve vivir en el pasado o darle a la cabeza con cargas que no son de una/o. Es importante, en centrarse en lo que mereces. Cuando se centra una/o en el amor con lo cual nacimos desde el momento en que nuestra madre nos parió, la vida toma otro rumbo y lo demás es secundario. Pero, no nos enseñaron a cómo gestionar cosas de la vida en positivo y ese ha sido el error más grande del ser humano.
El corazón late para recordarnos que estamos vivos para amar, disfrutar y compartir, no para ser prisioneros del esfuerzo sin sentido.



