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No vine a salvar a nadie, vine a mirar distinto

No vine a salvar a nadie, vine a mirar distinto

En el ejercicio de la psicoterapia y el acompañamiento humano, existe una tentación narcisista que acecha constantemente tanto al profesional como al consultante: el mito del salvador. La creencia de que el terapeuta posee un poder curativo externo que puede «arreglar» la vida del otro, es no solo una falacia técnica, sino un obstáculo epistemológico que impide el verdadero cambio. La premisa «No vine a salvar a nadie, vine a mirar distinto», constituye un manifiesto de humildad terapéutica y, a la vez, una herramienta de intervención radical.

1. El salvador como obstáculo del crecimiento

Cuando un terapeuta se posiciona desde el «salvacionismo», implícitamente está comunicando al paciente que este es incapaz de sostener su propia existencia. Esta dinámica, refuerza la desvalidez. Salvar al otro es, en última instancia, una forma de control; es un intento de aliviar la propia angustia del terapeuta ante el dolor ajeno. Si el profesional, no puede tolerar la incertidumbre o el ritmo del proceso del otro, intentará «empujar» soluciones, consejos y diagnósticos que solo sirven para calmar su propia necesidad de ser útil.

Mirar distinto, en cambio, implica sostener la mirada sobre el caos del otro sin intentar ordenarlo de inmediato. Es reconocer que la potencia del cambio no reside en el saber del profesional, sino en la capacidad del consultante para reintegrar sus partes fragmentadas bajo una nueva luz.

2. La mirada como acto transformador

¿Qué significa mirar distinto? En términos de la psicología profunda y la fenomenología, mirar distinto es suspender el juicio previo y la categorización. Es lo que Heidegger llamaba el Dasein: ser-en-el-mundo con el otro.

Cuando el consultante llega a sesión, lo hace atrapado en una mirada unívoca sobre su historia. Dice: «Soy un fracaso», «Mi relación no tiene salida», «El trauma me ha destruido». Esa mirada, es una cárcel. La terapeuta, no «salva» al paciente del fracaso; lo que hace es proponer una perspectiva donde ese «fracaso» pueda ser visto como un mecanismo de defensa, como una lección de límites o como una lealtad familiar invisible. Al cambiar la mirada, el objeto observado (la vida del paciente) se transforma.

Una de las cosas que debe ver el paciente, es cuándo se generó y en qué evento fue que comenzó a tener esa visión de ella/él misma/o. Ese dolor que experimentó, lo creó en su mente y se convenció que así era. Una triste realidad de muchos y que no quieren ver.

3. La devolución de la responsabilidad radical

El acto de no salvar, es el mayor acto de amor psicoterapéutico. Al renunciar al rol de salvador, la terapeuta devuelve al sujeto su responsabilidad radical. Esto, no es culpabilizar, sino habilitar. Si el paciente espera ser salvado, se mantiene en una posición pasiva, infantilizada. Si el paciente, comprende que la terapeuta solo es un espejo y un testigo de su proceso, se ve obligado a retomar las riendas de su propia voluntad.

Esta mirada distinta se enfoca en las grietas. Donde el paciente ve una herida, la terapeuta busca la luz que entra por ella. Donde el paciente ve un síntoma molesto, la terapeuta busca el mensaje cifrado de un inconsciente que está pidiendo ser escuchado.

Pero, hay pacientes que no les gusta responsabilizarse de si mismas/os y eso hace no avance para crecer y evolucionar. Les cuesta mirarse y entrar en esa realidad que no quieren ver.

4. La contratransferencia y el deseo del analista

El deseo de salvar, suele estar enraizado en la propia historia del psicoterapeuta. Muchos eligen esta profesión para reparar vínculos dañados en su infancia. Sin embargo, en la psicoterapia adulta, este deseo debe ser analizado y domesticado. El «deseo del analista», debe ser un deseo de que la verdad emerja, no de que el paciente sea «feliz» bajo los estándares del terapeuta.

La felicidad, es un subproducto del proceso, pero la meta es la integración. Y la integración, requiere mirar aquello que el paciente ha evitado mirar durante años: su sombra, su responsabilidad en su propio malestar y su capacidad de elección.

Ejercicios de reconfiguración de la mirada

Estos ejercicios, son herramientas de autoconocimiento para quienes sienten la carga de tener que «resolver» la vida de los demás.

Ejercicio 1: El desplazamiento del foco

  • Objetivo: Diferenciar el problema de la persona y encontrar nuevas perspectivas.
  • Instrucciones: Elija una situación de su vida que sienta que debe «salvar» o arreglar desesperadamente. Escriba el problema en el centro de una hoja. Alrededor, escriba cinco formas en que una persona totalmente distinta a usted (un niño, un filósofo estoico, un artista, un científico) miraría esa misma situación.
  • Reflexión: ¿Cuál de estas miradas le quita peso a su necesidad de control? ¿Qué parte de esa situación no depende de usted?

Ejercicio 2: El espejo de la autonomía

  • Objetivo: Practicar la escucha sin intervención.
  • Instrucciones: En su próxima conversación con alguien que le plantee un problema, prohíbase dar consejos o soluciones. Limítese a parafrasear lo que el otro dice, empezando con: «Lo que veo desde aquí es que tú sientes…» o «Me da la impresión de que para ti esto significa…».
  • Reflexión: Observe la incomodidad que surge en usted al no «salvar» al otro. Note cómo, al no dar la solución, el otro se ve obligado a buscarla por sí mismo.

Taller online: «El arte de la presencia consciente»

Una formación para profesionales del acompañamiento y líderes que buscan soltar la carga del salvador.

Esta dividido en 4 módulos:

  • 1: Arquetipos del salvador: Identificando mi sombra en el servicio.
  • 2: Fenomenología de la mirada: Cómo ver lo que el otro no ve.
  • 3: Límites y distancia óptima: El equilibrio entre la empatía y la fusión.
  • 4: La devolución del poder: Herramientas para empoderar al consultante desde el silencio.

Inversión: 172€.

Duración: 4 encuentros intensivos de 3 horas cada uno.

Inscripción: conexionmentalycorporativo@gmail.com

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