Las verdades incómodas, siempre han estado presentes en la historia de la humanidad. Decir lo que nadie se atreve a expresar, poner en palabras lo que otros callan, señalar lo evidente aunque duela, genera incomodidad, rechazo y hasta enojo. ¿Por qué sucede esto? ¿Por qué nos molesta tanto cuando alguien nos dice en la cara aquello que preferimos evitar?
Como psicoterapeuta, veo a menudo que los conflictos emocionales más profundos no provienen de la mentira, sino de la incapacidad para aceptar las verdades. La verdad, cuando se expresa sin anestesia, toca fibras internas que ponen en jaque a nuestro ego, a nuestras creencias y a la imagen que hemos construido de nosotras/os mismas/os.
Desde la mirada de la biodecodificación, podemos entender que cada vez que rechazamos una verdad, lo que en realidad estamos rechazando es la oportunidad de sanar una herida emocional oculta. Porque si algo nos molesta tanto, no es por lo que nos dicen, sino porque en el fondo sabemos que hay algo de cierto en ello.
¿Por qué las verdades incómodas molestan tanto?
- El ego como escudo
Nuestro ego, es un mecanismo de defensa. Nos protege de sentirnos vulnerables, de mostrar fragilidad o de aceptar errores. Cuando alguien nos dice una verdad incómoda, el ego se siente atacado y reacciona con enojo, negación o incluso violencia. - El espejo que no queremos ver
Las verdades incómodas, actúan como espejos. Nos devuelven una imagen que no coincide con la que nos contamos a nosotras/os mismas/os. Si me creo “siempre responsable”, pero alguien me señala una actitud de negligencia, ese reflejo duele más que la crítica en sí. - Miedo al rechazo
Desde niños, aprendemos a evitar el error porque equivocarse significaba castigo, burla o desaprobación. Escuchar una verdad incómoda, activa esa memoria de infancia y nos hace sentir que no somos suficientes, que seremos rechazados. - La resistencia al cambio
Cada verdad incómoda, trae implícito un llamado a la acción: “esto que eres o haces no está bien, necesitas cambiar”. Pero, cambiar implica salir de la zona de confort, y eso casi siempre resulta aterrador.
¿Por qué algunos creen que decir verdades incómodas es de sabios?
- Porque la verdad, aunque duela, libera.
- Quien se atreve a decirla, suele tener la valentía de enfrentar conflictos.
- Porque la incomodidad, es la antesala de la transformación.
Un sabio no dice verdades para herir, sino para despertar. Entiende que, a veces es necesario incomodar para que el otro despierte de su autoengaño.
¿Por qué otros prefieren callar?
- Por miedo a perder relaciones.
- El temor a las reacciones del otro.
- Por creencias culturales que nos enseñan que “es mejor no meterse”.
- Porque muchas veces decir la verdad, es interpretado como agresión.
En este sentido, el silencio no siempre es sabiduría; muchas veces es complicidad con la mentira o el autoengaño.
Lo que debemos sanar
- El miedo a equivocarnos
La mayoría de los adultos, lleva una herida profunda: la del error castigado en la infancia. Sanar, implica aceptar que equivocarse es humano y que ser señalado no disminuye nuestro valor. - La autoestima frágil
Una persona con baja autoestima, interpreta cualquier verdad incómoda como un ataque personal. La sanación, pasa por reforzar la autovaloración y comprender que lo que otros ven en mí no define quién soy. - El apego a la imagen
Sanar, significa dejar de vivir para sostener una máscara y empezar a aceptar la imperfección como parte natural de la vida. - La comunicación emocional
No basta con decir verdades, necesitamos aprender a expresarlas con respeto y también a recibirlas sin sentirnos destruidos.
La visión desde la biodecodificación
Desde la biodecodificación, cada verdad incómoda que rechazamos, puede manifestarse en el cuerpo como un conflicto biológico.
- Si callamos verdades, pueden aparecer problemas en la garganta o en la voz.
- Además si no aceptamos lo que nos dicen, el estómago puede resentirlo: “no lo digiero”.
- Si vivimos evitando espejos incómodos, los ojos pueden comenzar a fallar.
El cuerpo, no miente: lo que negamos en lo consciente, lo expresa la biología.
Ejercicio 1: El espejo de las verdades
Objetivo: Reconocer qué verdades incómodas me molestan y por qué.
- Escribe tres frases que alguien te haya dicho y que te hayan molestado mucho.
- Pregúntate: ¿qué parte de esa frase me duele porque tiene algo de verdad?
- Reflexiona: si esa frase fuera un espejo, ¿qué me está mostrando de mí que necesito aceptar?
- Anota en tu cuaderno una acción concreta para trabajar ese aspecto.
👉 Este ejercicio confronta, pero es profundamente liberador.
Ejercicio 2: Practicar la verdad con respeto
Objetivo: Aprender a decir verdades sin herir.
- Piensa en alguien a quien necesitas expresarle una verdad incómoda.
- Escribe la frase primero de manera directa y luego busca una forma respetuosa de decir lo mismo. Ejemplo:
- Directo: “Nunca escuchas, siempre me ignoras”.
- Respetuoso: “Siento que muchas veces no me escuchas, y me gustaría que podamos comunicarnos mejor”.
- Repite en voz alta la segunda versión hasta que suene natural.
- Elige un momento tranquilo y exprésala.
👉 Este ejercicio enseña a transformar la crítica en comunicación constructiva.
Taller online: “Verdades incómodas: del conflicto a la sanación”
Objetivo
Explorar el origen emocional de las verdades incómodas, comprender por qué nos afectan tanto y aprender a usarlas como herramientas de crecimiento personal y de sanación.
Contenido
- El ego y la resistencia a la verdad.
- Por qué duele tanto lo que otros nos dicen.
- Biodecodificación: el cuerpo como espejo de verdades no aceptadas.
- Cómo aprender a decir y recibir verdades con conciencia.
- Ejercicios prácticos de comunicación y autoobservación.
Modalidad
- Online por Google Meet.
- Duración: 2 horas interactivas.
Precio
- 60 € por persona.
- El pago se realiza vía Bizum un día antes del taller.
- Inscripción: enviar comprobante a conexionmentalycorporativo@gmail.com.
👉 Incluye material PDF y ejercicios
Conclusión
Las verdades incómodas no son enemigas, son maestras. Vienen a mostrarnos aquello que negamos, aquello que no queremos aceptar, pero que necesitamos para crecer. Sanar no es evitar la incomodidad, sino abrazarla con madurez, humildad y apertura.
Cuando logramos reprogramar nuestras creencias, y entendemos que la verdad nunca destruye, solo libera, dejamos de temerle a lo que otros nos digan y aprendemos a ver cada palabra incómoda como una oportunidad de evolución.



